El individuo miope, tiene un ojo mas largo de lo normal, por ello, la imagen se va a formar por delante de la retina. En la practica, esto se traduce en la dificultad por parte del que la sufre, de conseguir ver nítidamente los objetos lejanos, teniendo por el contrario, una buena visión de cerca.

La miopía suele comenzar a manifestarse durante la infancia o la pubertad, aunque tiene un claro componente hereditario, y sufre una progresión mas o menos constante y mas o menos acelerada hasta los 20 a 22 años, momento en que en la mayoría de los casos, cesa en su progresión. El máximo aumento se produce habitualmente en la pubertad.

Las miopías bajas, de hasta unas 6 dioptrias aproximadamente, apenas se diferencian de los ojos normales en cuanto al riesgo de sufrir complicaciones. Las miopías de tipo medio, entre 6 y 12 dioptrías aproximadamente, requieren ya una vigilancia periódica de la retina, pues el riesgo de padecer desprendimientos de la retina y otras complicaciones propias de la miopía, es claramente mas elevado que en la población general.

Las miopías elevadas, conocidas también como miopías degenerativas o progresivas, requieren una especial vigilancia y precisan con frecuencia actuaciones preventivas para evitar la aparición del desprendimiento, pues cuando este se ha presentado, la intervención quirúrgica es casi inevitable. Además estas miopías elevadas, sufren con frecuencia otro tipo de lesiones retinianas, siendo la mas grave, la mancha de Fuch que es una lesión degenerativa de la mácula que solo en casos excepcionales ha podido ser tratada eficazmente mediante el láser.